Ha llegado la hora de hablar desde la sala, donde aprende a hablar, a leer y escribir el Pedro Palominos, la Teresa Rodríguez, el Pato y la Anita. De la simplicidad de la poesía, del milagro de aprendizaje diario, del sonido de la campana. Aquí donde se gesta todo resultado, aquí donde surge cualquier cambio en la práctica educativa.
La respuesta a las grandes urgencias de la educación están en los que enseñan y en los aprenden. Todo lo demás es el agua, el sol, la tierra que les permiten crecer. La construcción de una mejor calidad de educación, parte desde la identidad de la escuela, de sus costumbres y tradiciones, de la fuerza y coraje de su líder, de la apropiación de sus profesores y profesoras del proyecto en común, del tesón, motivación y entusiasmo de sus alumnos. Los diseños de mejoramientos sirven de referencia, un mapa que guía donde se quiere llegar.
Ahí se gesta el cambio educativo, en la rigurosidad del invierno de las escuelas del Sur, en las distancias de las Norte, y en la agitación de las del Centro, con su realidad local
La escuela como centro del barrio, donde convergen las distintas visiones y experiencias, con necesidades cambiantes y respuestas distintas a las que a simple vista se cree.
Ser mejores en Chile requiere que nos entendamos, sin tratar de que el otro aprenda “ como yo creo que se hacen bien las cosas”. Instalando conversaciones democráticas de mejora, creyendo en el otro u otra. Puesto que, no todos podemos enseñarle a leer a cuarenta y cinco niños en Curanilahue. No todos podemos enseñar a leer en Caspana, no todos podemos.
Aprender desde el mapa conversacional de la escuela a la que pretendemos apoyar, escuchando sus motivaciones, sus desaciertos, sus éxitos, la historia contenida en la memoria colectiva de sus miembros es el primer paso, insustituible.
Los profesores y profesoras tienen mucho que decir en estos días, sin embargo el prejuicio y juicios de valor respecto de lo que piensan o dicen los han establecido en los sin voz. Poco o nada se escucha en el debate al profesor o profesora que hace clase, la sensación es que todo lo deciden otros por él o ella . ¿ Es posible esto?, ¿ Se irá por buen camino?. La discusión debe hacerse hasta cuando sea suficiente.
La sociedad demanda mejor educación y centra su culpa en los profesores, sin embargo; los docentes no son los que han tomado la decisiones de las grandes reformas que se han establecido desde los tiempos de la dictadura. No sin un dejo de pena, es necesario admitir que alrededor de treinta y tantos años las decisiones del rumbo que toma este país, en materia educativa; no ha pasado necesariamente por quienes educan.
Yo vengo a hablar por amor, antes que por ciencia, de la enseñanza popular y quiero dar a ustedes no un seco cuadro estadístico sino la emoción del problema Gabriela Mistral
lunes, 23 de julio de 2007
Que levanten la mano a quienes les importa.
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