Las viejas verdades pedagógicas son como las del evangelio: todos las conocemos, pero deben ser agitadas de cuando en cuando, para que exalten los ánimos como el flamear de las banderas y para renovar su generoso hervor en nosotros. Verdades conocidas pero desgastadas, son verdades muertas, fardo inerte. Los maestros hemos de ser en los pueblos los renovadores del fervor, respecto de ellas ... Somos los que hacemos su guardia a través de los tiempos
(Id.:146-147).
Gabriela Mistral
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