viernes, 17 de agosto de 2007

Por qué los Normalistas.

Quien haya sido formada o formado por una profesora o profesor normalista, en la responsabilidad de los horarios, el nunca estar justo sino antes de la hora, en la preocupación por sí mismo y por sí misma; de la ropa, de los zapatos, de la limpieza del sitio donde se estudia, donde se duerme, donde se trabaja; sabe muy bien de lo que hablo
“Los éxitos nunca se acompañaban por complacencia, los fracasos por enojo, o los desafíos por timidez”. El amor a los libros, tardes enteras mirando primero los dibujos después lo que hablan los dibujos, para terminar leyendo hasta aprenderse de memoria algunos párrafos.
Los cuadernos ordenados, con sus títulos subrayados, ¡ Un buen estudiante tiene sus cuadernos limpios y ordenados!, aún resuena la sentencia. Tejer, bordar, pintar para presentar la exposición de final de año. Tocar instrumentos, cantar, recitar, bailar, danzar en el proscenio.
Las tablas de multiplicar, la bolsa de los porotos cuando se tuvo que aprender a contar,
La poesía, el verso que atraviesa la vida entre sus alas que te envuelven te llevan lejos por castillos y te dejan caer en el ruido de las olas. Las copias, la caligrafía. Los trabajos de investigación amarrados con una cinta de regalo. La preparación del desfile del veintiuno de mayo, del 18 de septiembre. El día del árbol, la batalla de la Concepción, el 20 de agosto, los presidentes de Chile.
La ocupación antes del ocio, el trabajo antes del recreo, la tarea antes de la distracción, el respeto a la sabiduría.
Disciplina mental, el auto-cuidado, la responsabilidad de los deberes, la observación y el asombro ante lo nuevo, ante una hoja seca o ante el aromo que florece más temprano que la primavera.
Quién se atrevería a decir que no nos hace falta disciplina para nuestros gastos, para criar a nuestros hijos, para respetar a nuestros compañeros de trabajo. Para ser consecuentes con nuestros sueños e intenciones

Trabajar sin esperar recompensa.

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